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APLAUSO

Hay un instante antes y un instante después del aplauso. Algo ocurre para que un grupo de personas se vean impulsadas a golpear repetidamente, una con otra, las palmas de sus manos, manifestando alegría o aprobación ante lo escuchado o contemplado.

Primero hay un silencio. Súbitamente, una palmada lo rompe. Le siguen muchas mas, simulando un repiqueteo de lluvia que va creciendo en intensidad. Alcanzado el máximo, algunas plamadas empiezan a dejar de sonar. Poco a poco, todas las palmas de las manos, van dejando de golpearse. Durante unos instantes, solo lo hacen dos o tres, sonando desacompasadamente. Luego una. Inmediatamente después ninguna. De nuevo, el silencio.’

Nadie sabe cuánto tiempo durará, quién empezará el aplauso ni quién lo terminará. Pero todo el mundo sabe que quien lo recibe se hace inmortal durante esos instantes…

Helena

La anciana pero pequeña Helena, hija de los Dioses del Olimpo y madre de la tan querida por todos Democracia, hacía años que mostraba síntomas de una grave enfermedad: el sobrepeso y la dificultad para respirar (liquidez). Esto le dificultaba moverse para trabajar y ganarse la vida.

Su familia directa, se pone entonces en manos de los dueños del EURO, quienes le habían provisto, a crédito, de ricas viandas, armas y otros caprichos desde que entró en su selecto club para ricos, aún sin merecerlo. Ahora, su vida corría peligro.

Los especialistas, unidos en una Troika, le hacen llegar varias complejas recetas que ella debe cocinar y servirles en sus lugares de trabajo mientras le suministran respiración asistida. Con esto, indican, adelgazará y podrá respirar por si misma mientras les devuelve lo que les debe.

Helena, acostumbrada a comer sin trabajar, comienza a esconder comida y dar la mitad de lo que cocina, mientras sigue totalmente dependiente de la respiración asistida.

La mujer cada vez está peor. Debido a que las recetas que cocina son muy ricas en grasa, además de continuar con el sobrepeso, muestra síntomas de deshidratación y es mas dependiente de la respiración asistida.

Harta de esta situación, la familia de Helena llama a un curandero llamado VarouTsipras que propone reposo y dieta naturista, además de otros extraños conjuros, antes de empezar a devolver la comida que le pedían los anteriores doctores.

Estos, sorprendidos y escépticos, amenazan con retirar la respiración asistida que el curandero no es capaz de proveer y le acusan de querer matar a Helena.

Ella, moribunda, llama a su hija Demo a la que abraza para salvarse o morir, pero juntas.

GF Guatemala Julio 2015

Magistral recorrido por las ruinas de una infancia lejana, mágicamente iluminada por la siempre lúcida, nostálgica y, esta vez, extraordinariamente sincera mirada de Luis Landero.

“A veces, desde mi sillón de viejo siento una nostalgia llena de hondos pesares. Es nostalgia y pesar de la juventud, de la belleza, de la acción, de todo cuanto sucumbió al tiempo, pero también de lo que no llegó a vivirse, de los alegres decires nunca dichos, de las correrías nunca emprendidas, de los amigos que no tuve, del amor apenas entrevisto, de la vida dilapidada en vano y de lo breve e ilusorio de los ahorras, de los mañanas y de los entonces, y de todo este pobre negocio de años y de afanes de que está hecha la vida”

“Yo siempre he sido un tipo inseguro que descree de sus cualidades y tiende a pensar que sus éxitos (un notable en la escuela, una muchacha que lo quiere, un premio literario) son solo un equivoco y que ya aparecerá alguien que lo desenmascare y lo muestre ante el público como lo que es: un impostor”

“Tu creías que vivías en el centro del mundo, como es de suponer que les ocurrirá a todos los niños de todos los lugares, y mas en los tiempos en los que no se viajaba ni había televisión. No había nada mejor, ni mas grande, ni mas bonito que lo que ocurría en tu pueblo. Quizá por eso tu entiendes muy bien el sentimiento infantil de ciertos nacionalismos, capaces de sublimar su aldea, hasta convertirla también en centro del mundo, y sus cosas en excluyentes y absolutas”

“El día de su muerte, mi padre, en un momento dado en que se sentó en la cama, me miró. Yo no había visto nunca aquella mirada. Era una mirada de miedo, indefensa y sobre todo implorante. Me miraba implorando algo, quizá mi cuidado, mi cariño, mi protección. Fue algo fantástico, como un sueño. El se había convertido en el hijo y yo en el padre…” “….Fue una mirada larga, de una intensidad reveladora: en un instante nos dijimos mas cosas que en toda nuestra vida. Pero ya era tarde para todo…” ” “…Alli comenzaba mi verdadero futuro, el que con el correr de los años me traería hasta esta mañana en que escribo estas líneas, deudoras, como casi todo lo que he escrito en mi vida, de aquella tarde incesante de mayo. Y es que a veces el pasado, no acaba nunca de pasar”

“Hasta en el juego aparecía también el maldito jefe de turno. También allí, en el fútbol mi papel era de lo mas confuso, y ese ha sido siempre el signo de mi vida, la ambigüedad, el desarraigo, el merodeo, la vaguedad de los contornos, la indefinición de las tareas”

“También en la vida real la memoria funciona así, con pasajes subrayados y notas marginales, con detalles cargados de sugerencia, a veces convertidos en símbolos”

“Si, eso fue todo. Supongo que así es como combina sus bazas el destino, donde a menudo un naipe de poco valor es la llave para cerrar y culminar una jugada magistral”

“Lo de la guitarra fue otro de los tantos azares de los que esta hecha la vida. Cuando llevaba cinco o seis meses trabajando en La Central, y cuando ya aquel mundo amenazaba con engullirme para siempre (y crecería y ascendería a oficial, y me casaría, no con la Amada sino con cualquier mujer, elegida también al azar, unas sonrisas tímidas al principio, algunas miradas atrevidas después, encuentros casuales, un no saber qué decir, unas risitas tontas y luego la costumbre, la consolidación sentimental de las tardes de domingo, de las películas, de los paseos crepusculares, de los bailes lentos a media luz, y luego vendrían los hijos y las celebraciones familiares, y el tiempo entonces se iría remansando en un manso fluir sin otro sobresalto que el vago y amago recuerdo de algo que pudo ser y se quedó en nada, de un sueño que no sobrevivió a los primeros hervores de la juventud)…”

“Considera que vayas donde vayas, tarde o temprano tendrás que regresar, entrar por esta misma puerta arrastrando el equipaje. Entonces volverás a encontrarte aquí, sucio y agotado, feliz de estar de nuevo en casa. De modo que hago como si ya hubiera vuelto, y me imagino el cansancio del viaje, las comidas a veces indigestas, la inhóspita anchura del mundo, las voces distorsionadas de los megáfonos de los aeropuertos, la nostalgia de la ausencia, la paz acogedora del hogar, y entonces comprendo cuan prudente es la decisión de suspender la partida y quedarme en casa cuando ya me disponía a traspasar la puerta”

“Todos hemos crecido bajo el magisterio del temor. Quizá de ahí provenga nuestra incapacidad para ser felices, para entregarnos a un presente que bien sabemos nosotros desde niños que va a dar al futuro, que como no puede ser de otra manera será atroz”

“Mas tarde comprendí que los campesinos no saben lo que es la belleza campestre. Donde otros ven un paisaje, ellos solo ven un sembrado, una dehesa, un erial bueno para cabras, un cerro o un barbecho. No se han parado a contemplar la naturaleza sino que viven revueltos, confundidos con ella. Recuerdo mi estupor y mi alegría cuando descubrí en los libros de texto los primeros fragmentos literarios donde se describía la belleza del campo, y las ganas locas que sentí de ver a mis padres y a mis abuelos y a mis tíos para contarles lo bonita que era la naturaleza, sus muchos colores y tonalidades, el horizonte, el canto de los pájaros al amanecer, la paz y el silencio, el rumor del arroyo. Ahora se que se hubieran reído de mi..”

“Y quizá sea así. Quizá, en general, haya poco que contar acerca de la vida, tan monótona casi siempre, y por eso existen y nos gustan tanto las novelas y las películas, donde los años, aligerados de su carga de tedio y reducidos a lo esencial, se organizan armónicamente entorno a un argumento con su principio, su desarrollo y su final trágico o feliz. Y nos parecen reales o al menos verosímiles porque nuestras vidas, vagamente, se parecen a esas historias completas y cerradas”

“Me pregunto (sin ánimo de obtener respuesta) si los sentidos, desazonados por un escalofrío a deshora, no alertarán a la conciencia de la llegada recurrente de aquella tristeza infantil. ¿Somos así de casuales, así de frágiles, de simples? ¿Somos, entre otras cosas, el niño cuya ánima en pena andará siempre errante por las otras edades de la vida?”

“Misterios hay muchos en el mundo. El simple hecho de vivir es uno de ellos. Pero de todos, el mas profundo es ver como la gente, en general, vive de espaldas a los misterios mientras habla con gran autoridad y erudición de las cosas menudas de la vida…” “Asi es la vida, así ha sido siempre y esta bien que sea así. En cada instante, en cada frase, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales. Eso es todo y no hay mas que contar. Un grano de alegría, un mar de olvido”

Esa canción me suena

Ángel Stanich_Photo by BitzSanz JPG copiaÁngel Stanich estaba a punto de salir a tocar y la resaca aún no había dejado de picotearnos el cráneo. Sentados en la terraza de las Piscinas y con una botella de Huno recién descorchada sobre la mesa, pretendíamos recuperar en la noche la claridad que habíamos perdido en un día diluido entre la duermevela y la náusea. Visto con distancia, quizás no había manera mejor de encarar un directo de Stanich por primera vez: con el cuerpo abrasado de la madrugada anterior, ricino y cinzano, y con el alma pletórica, aun presintiendo que al amanecer escucharíamos los truenos. Porque la paradoja no se despega de este tipo misterioso del que nadie parece saber mucho aunque sus canciones, turbadoras y luminosas, lo revelen todo. Así, felices y a un paso de la derrota, es como vimos a Ángel Stanich saltar al escenario del festival de Villacarriedo y comenzar a patearlo como…

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Trazos (2)

Hay dos tipos de personas, las que van a distintos sitios con la misma gente, y las que van al mismo sitio con gente distinta. Y, quizá también, los que van siempre al mismo sitio y con la misma gente.

Y es que no hay nada mas triste que una vida autorreferente. Porque el cuerpo es la frontera del alma y la mente su patera. Y no hay frontera alegre ni patera sin esperanza.

Pasa un día, volando por encima del alma de un mundo que gira y que escapa. Que grita y vocifera en su corazón pero que navega en silencio a través de la nada infinita.

Lo cierto es que, como canta Sabina, vivo en algún número de la Calle Melancolía. Y, aunque hace tiempo que quiero mudarme al barrio de la alegría, siempre que lo intento, ha pasado ya el tranvía. Y en la escalera me siento, a silbar mi melodía…

Digamos que dije que si… digamos que dije que no. Digamos que estuve de acuerdo… digamos que nunca acepté. Digamos que siempre lo supe… digamos que nunca entendí.

VICEVERSA

A más recuerdos, menos memoria.

A menos preguntas, más respuestas.

A más tiempo, menos urgencia.

A menos pasión, mas espacio.

A más yo, menos tú.

A menos futuro, mas experiencia.

Y… viceversa…

GF Febrero 2015

H es un tipo tranquilo, sin aristas. Que rezuma bonomia y no llama la atención. A los tipos normales les pasan cosas normales, pienso. Eso es lo normal.

H almuerza todos los dias en el mismo lugar y la perspectiva de un cambio en su rutina, siempre le incomoda. Ante esa posibilidad, piensa despacio la respuesta y, casi siempre, opta por hacer lo de siempre. No le gustan las sorpresas. Mas vale malo conocido que bueno por  conocer.

Asi que vamos al restaurante de siempre, a la hora de todos los dias y conversamos sobre asuntos banales. A pesar de ir todos los dias al mismo sitio, o quizá a causa de ello, el trato no es preferencial. Esperamos a que haya mesa libre, como todos los días. El lugar es pequeño y acogedor, no excesiamente luminoso y bastante silencioso a pesar de la cercanía de las mesas.

Nos sentamos y esperamos el plato del día mientras la actividad del restaurante sigue su ritmo tranquilo. Sin prisas, sin gritos, sin risas. No recuerdo el tema de conversación por el que empezamos. Probablemente, algo relacionado con la fecha.

De pronto, sin alterar el tono ni la modulación de la voz, H me cuenta que ese día es el aniversario del asesinato de su mejor amigo, mientras vuelca el cuenco de arroz sobre el habitual plato de frijoles. Tardo en reaccionar, creo no entender bien. Pienso lo que debo o no debo decir. En si mi rostro refleja una expresión demasiado estúpida y en si quiero o no que me cuente la historia completa en ese momento. Pero como en esos momentos solo se me ocurren preguntas, pregunto. ¿Sabes porqué?

H dice que todo asesinato es una estupidez, pero que éste es el colmo de la estupidez, mientras mantiene la mirada fija en el plato. Los padres del mejor amigo del hijo de su amigo se habían separado. Su amigo siguió manteniendo contacto con la madre del amigo de su hijo. Un día, su ex marido le asestó 14 puñaladas al amigo de H, que le tenía pánico al dolor. Ahora, el asesino confeso alega legítima defensa.

H bebe un sorbo de jugo de chinola y yo adivino que sus ojos se han humedecido. Sigue hablando sobre las casualidades de la vida. La ex mujer del asesino de su amigo, es psiquiatra, y uno de sus clientes era el médico que certificó la muerte de su amigo.

Pedimos la cuenta. 140 pesos, como siempre.

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