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Archive for the ‘Paisajes y paisanajes’ Category

orquesta nuñezNo recuerdo la hora. No recuerdo el día. No recuerdo el mes. Ni siquiera recuerdo el año.

Por los abrigos, supongo que es invierno. Por nuestros tamaños y la decoración, deduzco que son los 70s.

Quien me envía la foto, muchos años después, es mi prima María, la del banjo. Ella me aclara que la foto fue tomada en el Parque de Atracciones de Madrid.

Pienso sobre las fotografías y su capacidad para evocar recuerdos. Pero también pienso que la imagen no es completa si no se cuenta con los recuerdos de cada uno de los que la protagonizan.

Compartir distintos recuerdos sobre un mismo momento, completa la fotografía. Ver fotografías sin compartirlas, sólo genera una nostalgia solitaria que nubla el recuerdo.

Según me cuenta mi prima, yo insistí en que subiéramos a ese miniescenario para hacernos la foto. Lo que ninguno podemos entender es porqué mi prima Mar iba vestida de gitana como vocalista de esta superbanda setentera cuyo nombre tampoco recordamos. Después de mucho bucear en la memoria, concluimos que debía ser “Los Morris“. Pero también podrían ser “Los Porris” o ” Los Curris”.

Lo que queda claro es que mi hermana no quería subir al escenario. O al menos no con esa guitarra eléctrica. Menos mal que mi primo Antonio si sabía empuñar una guitarra española (quizá para acompañar a mi prima Mar en un dúo flamenco) y que mi primo Guillermo debía de haber visto alguna portada de un disco de The Beatles e imitaba a la perfección la pose de Ringo Starr.

Una lástima que mi prima María no siguiera una carrera musical en una banda de Folk pues está claro que el Banjo es lo suyo. Al parecer, cuando nos entregaron la foto, le dije que había clavado la postura. Eso se le quedó grabado.

Por mi parte, está claro que fui el último en elegir instrumento, con esa rapidez de acción que me caracteriza. Y me tocó un saxofón que todos habían dejado de lado. Lo curioso es que nunca lo consideré como un instrumento, sino que lo utilicé como micrófono, poniendo cara de haber triunfado con la elección.

Cada uno de los seis tendría su propio recuerdo de ese momento. Además del fotógrafo y las madres que, sin duda, estaban detrás de la cámara.

Quizá la vida de ninguno sería exactamente igual sin ese momento. Quizá si. Quizá la vida de cada uno esté plasmada en esa foto. Quizá no.

Primos cercanos. Recuerdos lejanos. Sigamos compartiendo el pasado como parte del presente mientras comemos algodón dulce hasta empacharnos.

GF. Guatemala 2014.

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Hacía mucho, mucho  tiempo, que no viajaba a Lima, capital del Gran Perú. Mis escasos recuerdos me ofrecían la imagen de una ciudad gris, plagada de vendedores ambulantes y aún marcada por el peso de la temible inquisición (a la que se le dedica un tétrico museo). También recordaba la majestuosidad del Machu Pichu y la precariedad en la que vvían las gentes de Cuzco.

Durante este tiempo, todos los amigos y conocidos que viajaban a Lima por uno u otro motivo, me hablaban de su increíble transformación, de su deliciosa gastronomía y de su ambiente cosmopolita, enseñas de un nuevo Perú, con su deslumbrante crecimiento eocnómico de los últimos años.

Nada mas salir del avión, a las nueve de la noche, siento una agradable temperatura y transito por un aeropuerto como todos los aeropuertos. Muy funcional y muy poco folclórico (el único que aún recordaba con ese sabor local, el de La Aurora, en  Guatemala, también sucumbió a la aséptica transformación).

El paso por el control de pasaportes y la aduana es ágil y, en pocos minutos, uno está formalmente en tierras peruanas. Entre la escasa y ordenada gente que espera a los viajeros, busco con la mirada el cartel con mi nombre que, supuestamente, alguien enviado dese el hotel debía sostener. Ninguno tiene rotulado un Fernández ni un Gabriel, así que me dispongo a iniciar el incómodo trabajo de rechazar taxistas sospechosos y buscar uno legal. En ese momento, un hombre mayor y de aspecto pulcro y aseado, me muestra una tarjeta y me ofrece un taxi oficial. Le pregunto el precio y, no hay sorpresas: 20 Dólares.

Subo al  impecable Toyota de color negro y hago mi primera encuesta. El taxista se muestra satisfecho con lo que ocurre en su país. Me habla de transformación tras la desaparición del terrorismo, de inversión en infraestructuras y de casinos. Ni una palabra de inseguridad ni de pobreza. Sin demasiado tráfico, Lima lucía limpia y tranquila durante todo el trayecto al centro, plagado de casinos y de centros comerciales cada cuatro o cinco cuadras.

Había conseguido, por internet, un céntrico hotel, muy cerca del distrito financiero (San Isidro) por 40 Dólares la noche, y lo cierto es que no esperaba lujos. Sin embargo, me encontré con una vieja casona totalmente remodelada en una calle tranquila y con habitaciones pequeñas pero muy limpias y acojedoras. El ceremonioso Wilber, alma de La Casona del Búho (terminé pensando que el búho era él), me recibe con disculpas por haber pensado que llegaba un día mas tarde y no haber enviado el vehículo al aeropuerto. Luego, me acompaña sonriente a la habitación y me explica el funcionamiento del albergue. También me entrega las llaves de la puerta de la calle para que entre y salga cuando quiera.

Como no tenía sueño y contaba con el domingo para descansar y preparar mi trabajo de la semana, bajé a tomarme una cerveza al salón de la casa y le pedí a Wilber algún apertitivo para acompañar. Me trajo unas patatas “chips” y un surtido de frutos secos. Así, iniciamos una animada conversación que comenzó por la historia de la casa y terminó por la de la negativa de su novia a tener hijos. Entre ambas historias, me confirmó que Lima era una ciudad tranquila, que Fujimori había sido clave en el desarrollo del país, que la entrada de Telefónica y otras entidades españolas les habían traído grandes beneficios y que el crédito al consumo y el sector inmobiliario estaban en gran expansión. Hablar de la crisis mundial con él, era como hablar de los anillos de Saturno. Yo hablaba de malos tiempos y él de buenos. Yo de casas sin vender y él de aumento imparable del precio por metro cuadrado.

Me fui a la cama pensando que el mundo se había dado definitivamente la vuelta y que los europeos estamos demasiado obsesionados con nuestra civilizacvión y con nuestros mitos sobre el resto. A la mañana siguiente, lo confirmé con creces. El paseo que imaginaba por una ciudad sucia y envuelta en una permanente bruma, se convirtió en un agradable recorrido por una capital moderna y soleada por cuyas avenidas, los domingos, circulan equipadísimos patinadores y ciclistas en lugar de contaminantes y ruidosos vehículos. Curiosamente, durante el camino, paso por las embajadas de Francia y Alemania. En ambas ondea la bandera de la Unión Europea junto a la de cada país. Desconozco si las embajadas de los países “periféricos” también prpfesan esta práctica en los tiempos que vivimos.

Llego al final de la Avenida Arequipa. Al borde del mar, un centro comercial de amplios ventanales permite ver,  desde sus exclusivos restaurantes y cafeterías, a decenas de surfistas cabalgar la ola limeña. En la tarde, el cielo se llena de coloridos parapentes, que suben, bajan y caracolean al ritmo de las correintes de aire que acarician los cuidadísimos jardines que rematan el gran acantilado sobre la playa de Lima. No, no estaba en California, sino en el distrito de Miraflores, una de las mas de  mil municipalidades de un país andino con elevados índices de pobreza. Hasta el momento, ni rastro de ponchos, artesanías callejeras o niños pidiendo en los semáforos.

En los siguientes dias, aún tuve la oportunidad de sorprenderme en repetidas ocasiones. Lo que mas me llamó la atención es que varios peruanos, tratando de impresionarme en materia gastronómica, no me llevaron a restaurantes de ceviche, causa o aji de gallina, sino a los llamados restaurantes Chifa, fusión de comida china y peruana, amplísimamente extendidos por la ciudad, tanto en su versión “deluxe” como en su modalidad “low cost”.

Finalmente, en materia de desarrollo empresarial (deformación profesional), dos situaciones me dejaron intelectualmente admirado. Por un lado, la aseguradora española MAPFRE ha logrado integrar su negocio al máximo en elpaís, ocupándose también de la gestión de funerarias y cementerios de aspecto moderno y monumental. Por otro lado, los  habitantes de una desértica zona cercana a Lima, tradicionalmente dedicada a la producción masiva de ladrillos de adobe (con los que me dicen se construyeron la mitad de las casas de Lima), me relatan con emoción como se están dedicando ahora a la venta de “grass” (cesped) a los jardines de Lima. Al principio, me costó distinguir entre tanto plolvo las pequeñas islas de verdor que estas comunidades están haciendo emerger en una de las zonas con menos pluviosidad del mundo. El agua subterránea es la que obra tal milagro.

De regreso, en el avión, venía pensando sobre lo mucho que aún me queda por aprender y descubrir. Esta vez, aprendí  que muchas veces, lo mas valioso es lo menos visible y que lo mas obvio, es lo menos real.

GF Diciembre 2011

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“Higher Ground” is a song that speaks of the perseverance it takes to reach the higher consciousness. Let’s all keep trying together, one heart and one song at a time, until we all reach the Higher Ground.

http://playingforchange.com/player/widget.swf?episode=52

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 Espectacular cartel para promover la gran obra de infraestructura del Plan Ñ consistente en el cambio de tres farolas, en tres meses y por 973 euros.

El Alcalde, del PP. El genial inventor del Plan Ñ, elPSOE.

Y luego quieren que la gente se quede en casa a reflexionar. Está claro quien tiene que reflexionar.

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Dos pulsiones básicas: identificarse y diferenciarse. ¿Qué nos asemeja y qué nos diferencia del resto de los humanos? En 2003, Yann Arthus-Bertrand junto a Sibylle d’Orgeval y Baptiste Rouget-Luchaire lanzó el proyecto “6 mil millones de Otros”. 5.000 entrevistas realizadas en 75 países y filmadas por 6 realizadores. Todas las personas respondieron a las mismas preguntas sobre sus miedos, sus sueños, sus pruebas, sus esperanzas. Cuarenta preguntas esenciales permiten descubrir tanto lo que nos separa como lo que nos une. Todo esto en http://www.6milliardsd’autres.org

Por ejemplo, el amor…

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Monólogo genial de Ramón Gómez de la Serna. 1928. Desde entonces, durante mas de 80 años, el siglo XX se ha movido al ritmo de esa mano, tan falsa como versátil y eficaz. La mano que acompaña las interminables palabras de los oradores a los que los pueblos siguen ciegamente. Hitler, Castro, Kennedy, Chavez, …

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